Un poema para niños de Sylvia Plath
Un poema para niños, titulado El libro de la cama, de Sylvia Plath ha sido publicado en castellano por la editorial Libros del zorro rojo. El poema tiene además las ilustraciones de Quentin Blake, ya clásicas. Una estupenda noticia que reseña para Radar Libros Mercedes Halfon.

Ilustración de Quentin Blake del libro
Dice la reseña:
Es sabido que a Sylvia Plath, pese a lo incansablemente trabajadora, estudiosa, inquieta y apasionada que era, le gustaba, y mucho, pasar tiempo en la cama. En sus biografías se menciona incluso un período en Londres, antes del nacimiento de sus hijos, en el que con su marido Ted Hughes dedicaban un día a la semana para que cada uno permaneciera recostado, leyendo, escribiendo, comiendo tostadas, mientras que el otro se dedicaba a las tareas más urgentes de la casa. Claro que no es éste su costado más conocido como tampoco lo es su exploración en la literatura infantil. Es posible imaginársela entonces, en una de esas estancias remolonas, diseñando mentalmente un catálogo de camas extrañas, lúdicas y diversas, donde reposar. De eso se trata El libro de las camas, que acaba de reeditar Libros del Zorro Rojo en un precioso volumen de tapa dura y colores plata, fucsia y azul noche. Una pieza que puede ser catalogada como relato para niños, pero que también va a ser apreciada por los lectores fieles de Plath por su rareza y las vinculaciones posibles con su obra “adulta”. Es, además, una obra póstuma, ya que ningún editor la entendió en su momento, por lo que permaneció inédita durante años.
Plath nació en Boston en 1932, en una familia de ascendencia germánica. Su padre murió cuando todavía era una niña. Según dicen quienes la conocieron, la ausencia de esa figura tan central la marcó y entristeció para siempre. En su juventud, Plath se repartió entre Estados Unidos y Londres, donde realizó una brillante carrera en Cambridge. Allí también conoció a Ted Hughes, un poeta inglés de gran influencia con el que se casó y tuvo dos hijos. Algunos años después, separada de él y en una de sus crisis de depresión, la escritora terminó con su vida. Era el invierno de 1963, uno de los más fríos que se recuerdan en la costa del Támesis.
